Cómo me hice funcionario interino

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Funcionario no se nace (de momento), se hace. En mi caso fue algo totalmente fortuito. Yo terminé mi carrera de Licenciatura en Informática por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el año 1997, una titulación que posteriormente sufrió una serie de homologaciones, primero a una Ingeniería (Superior) en Informática, y ahora a una titulación de tipo Master de acuerdo al nuevo marco europeo. Vamos, que tengo que un papel que dice que tengo una de las titulaciones más altas que se pueden conseguir (sin contar el doctorado).

Mi primer trabajo

Pues tan contento que andaba yo con mi titulación, comencé a buscar trabajo justo después de terminar la carrera, en septiembre de 1997, tardé poco más de un mes en conseguir trabajo, en una pequeña empresa que se acababa de crear, Desarrollos y Sistemas Informáticos Canarios S.L. (DESIC), una consultora informática que creó el grupo Global (Salcai-Utinsa) ¿que hacen los de las guaguas creando empresas de informática?, pues sí, supieron ver desde entonces ese potencial. En el momento de mi contratación éramos 5 personas en la empresa, actualmente la empresa sigue en pie, con sus altibajos, pero manteniendo a una plantilla que, hasta la última vez que me dijeron rondaba las 100 personas. Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho apoyo y apuesta por parte de la empresa en formación, buen ambiente de trabajo y buen sueldo (en esos años yo era mil eurista, muy por encima de lo que se cobraba en el sector).  Pero como todo, la empresa siguió creciendo, las responsabilidades también y a los tres años decidí que quería un cambio en mis condiciones de trabajo, eso de trabajar mañana y tarde no me molaba demasiado, jornada partida, hasta las 19:00, no creía que fuese una buena opción. Luché por cambiar las cosas pero no lo conseguí, así que decidí buscar otro trabajo.

Mi segundo trabajo

Mi segundo trabajo sería en otra consultora canaria del sector, Open Canarias S.L., relacionada con el mundo IBM en ese momento, con una visión del desarrollo de software muy disruptiva para la época. Una empresa de Tenerife, pero con una pequeña sede en Gran Canaria. Mi experiencia en DESIC les había gustado, así que me contrataron con un mejor sueldo y unas mejores condiciones de trabajo. El tipo de trabajo era algo distinto, dejé la parte de programación para iniciarme en el mundo de la administración de sistemas. Le puse muchas ganas al principio, pero  al final no me terminó de llenar del todo. Esta vez las motivaciones de sueldo, horario y ambiente de trabajo no se correspondían con el tipo de trabajo que estaba desarrollando, no me llenaba.

¡Soy funcionario interino!

Mientras trabajaba en Open Canarias, un buen tipo que conocía en el Cabildo de Gran Canaria (para el que había trabajado en un pequeño proyecto en mi etapa en DESIC), me comentó que el Cabildo iba a sacar unas plazas de Técnico Superior de Informática, orientadas a titulados superiores como yo. Trabajando en la empresa privada, a mi todo esto me sonaba a chino mandarino. ¿La Administración Pública? ¿Convocatorias? ¿Oposiciones? Estaba muy perdido en ese mundo.  Pero seguí los consejos de este buen samaritano (que por cierto, para los mal pensados, nada tenía que ver ni influir en la propia oposición) y me preparé una serie de temas que aparecían en la convocatoria. Era unos 30 temas, un par de exámenes y con suerte igual me sacaba una de las tres plazas que salían a concurso-oposición (otro de los conceptos que entendí más adelante).
Pues como quien no quieres la cosa, me quedé entre los tres primeros. Hice buenos exámenes y mis cuatro años de experiencia en puestos similares me sirvieron para mucho a la hora de valorar méritos. De la noche a la mañana pasé de ser un trabajador como cualquier otro a pasar a trabajar en un entorno totalmente distinto. Entré en la categoría más alta que puede tener un funcionario, A1, para la que se exige una titulación superior.  A mi todo esto me seguía sonando a chino. Yo me dejaba llevar.  Mi entrada en el Cabildo de Gran Canaria fue un soplo de aire fresco para la Administración (o eso creíamos). Una Administración del siglo XIX en la que de repente entran tres caras nuevas venidas directamente del mundo privado. No le sentó bien a todo el mundo, sobre todo a aquellos titulados superiores que trabajan dentro y que, en igualdad de condiciones para los exámenes y méritos no habían conseguido esas plazas que “supuestamente” les corrrespondían a ellos.
Desde ese momento era, oficialmente, funcionario interino. Una vez dentro ya me explicaron que era eso de ser interino. Básicamente significa que ocupo esa plaza de forma transitoria, hasta que la ocupe un funcionario “de carrera”, pero para eso se necesitan otro tipo de pruebas selectivas, mucho más duras que las que yo había pasado (sinceramente las pasé sin pena ni gloria, estudiando lo justo).  La situación del funcionario interino es un tanto extraña. Tienes un trabajo “casi” fijo, hasta que venga otro (o tú mismo) y lo ocupe de forma definitiva. Y esta situación se puede demorar meses (muy raro), o años (lo normal), y a veces muuuuchos años (se de gente que se ha jubilado siendo ocupando un puesto interino).
¡Vale! ¡Estupendo! A disfrutar, ¡que me quiten lo bailao!. Puesto nuevo, compañeros nuevos, responsabilidades nuevas, buenas condiciones de trabajo, un sueldo que hasta duplicaba la media del sector (al menos en Canarias). ¿Quién podía pedir más? Decir que eras funcionario en un banco o en cualquier otro sitio era tener una puerta abierta, así de claro. Mis primeros sueldos y pagas extra fueron simplemente desconcertantes, con la primer paga extra pensé “Joder, ¿y yo he producido para que me paguen esto?”  Pero saben que, a todo esto se acostumbra uno muy rápido.

Se acaba el juego señores, no va más

A los dos años de estar interino vino la prueba de fuego. Las plazas que ocupábamos los tres “nuevos” salían a concurso-oposición libre. Significaba que nos la jugábamos. A las tres plazas podía presentarse cualquiera que tuviera la titulación y superase los tres exámenes, esta oposición sí fue mucho más dura que la de interino. 90 temas, tres exámenes y valoración de méritos. Mis otros dos compañeros se quedaron por el camino (no superaron alguno de los exámenes), pero yo llegué al final. Aprobé los tres (con una nota mediocre) y tras las valoración de méritos… me quedé en cuarta posición. A ver, eran tres plazas, yo me había quedado cuarto, “muy bien machote, a la p*ta calle que te vas“.

La suerte del novato

El hecho de estar cuarto (de tres plazas) implicaba ser el primero en la lista de sustituciones para cubrir interinidades en plazas vacantes, y ¡oh, suerte del destino! Había una plaza de la misma categoría que se había quedado vacante por circunstancias que no vienen al caso. Y fíjate por donde, cuando los tres funcionarios de carrera ocuparon las plazas que nosotros tres habíamos cubierto de forma interina un par de años atrás, este que está aquí pudo ocupar, de forma interina, esa plaza que había quedado vacante.
Así pues, algo más de dos años después de ser interino, de una oposición primero para interino y después para funcionario de carrera, me encontraba ocupando nuevamente un puesto de interino, y todo eso sin perder ni un solo día de cotización. El mismo día que causé baja en un puesto, tomé posesión como interino en el otro puesto vacante.
¡El sistema funciona!. 
Volvía a la casilla de salida. Otra vez era interino. Y así estuve otros siete años más. Lo que viene después, digno de una película de terror, debe ser contado en otra entrada.
🙂

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