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El trabajo en remoto funciona, también en la administración pública

Cuando oímos hablar de trabajo en remoto siempre pensamos en equipos localizados en distintas partes del mundo, Madrid, Londres, Miami, Berlin,… una base más o menos estable en un lugar, y trabajadores, en plantilla o freelance, repartidos por cualquier parte del globo. No vengo a descubrir la pólvora diciendo que eso funciona, lógicamente haciendo uso de la tecnología adecuada.

¿Es esto extrapolable a la administración pública? Aquí les cuento mi experiencia.

En octubre de 2017 tuve la oportunidad de ocupar un puesto en el Gobierno de Canarias, mediante una comisión de servicios (una figura que permite, temporalmente, ocupar otros puestos en la misma administración o en otra). Dejaba el Cabildo de Gran Canaria por un puesto en el que ejercía las funciones de la Jefatura de Servicio de Modernización dentro de la Dirección General de Relaciones con la Administración de Justicia (DGRAJ) del Gobierno de Canarias. Otra administración, otros compañeros, otra aventura (si quieres saber más sobre ella puedes leer la entrada que hice en este blog sobre Analítica Pública que lleva Sergio Jiménez).

Cuando se iniciaron los contactos para «reclutarme» se me informó de las condiciones, el Servicio de Modernización de Justicia del Gobierno de Canarias lo componían dos personas de plantilla (sí, han leído bien, dos), un Jefe de Servicio y un Gestor de Proyectos. Punto. Además, existía (y existe) un proyecto de ejecución temporal que supone disponer de personal adicional, conformado en base a una Oficina de Apoyo a la Estrategia de Modernización de Justicia, que en la práctica eran diez personas de perfil técnico superior, de las que solo se cubrieron siete plazas, y de las que solo tres estaban adscritas al Servicio de Modernización de Justicia. En definitiva, tenemos a dos personas de plantilla y tres personas más de apoyo técnico. Cinco puestos, todos ellos ubicados físicamente en la isla de Tenerife (el Gobierno de Canarias suele repartir sus áreas entre las islas de Tenerife y Gran Canaria, no se sabe muy bien con qué criterio, o al menos yo no lo conozco).

Pues bien, a mi me ofrecen hacerme cargo de la Jefatura del Servicio, que había quedado vacante meses atrás, y por tanto, mis otros cuatro compañeros estaban en Tenerife. Y yo, vivo en Gran Canaria y no tenía intención de trasladar mi residencia y trastocar con ello mi vida personal y la de mi familia. Así que mi primera «condición» fue poder desarrollar mi trabajo en dependencias de la DGRAJ en Gran Canaria (que haberlas, las había). En mi opinión, creía que se podría hacer sin mayor problema, aunque es cierto que no es algo habitual en el Gobierno de Canarias. Se me permitió «esta licencia» con un «bueno, vale, pero seguro que tendrás que ir, al menos, una o dos veces a la semana a Tenerife para coordinarte con el equipo ya que hasta ahora siempre habían estado juntos«. Muy bien, y yo pensando «esta es la típica cosa del empleo público de ‘siempre se ha hecho así’«.

Tomo posesión y empieza mi trabajo efectivo. Los primeros días fueron un poco caóticos. Búsqueda de sitio, mesa, silla, ordenador, altas en sistemas, cuentas de correo, etc. Algo que deber  estar bastante automatizado realmente me llevó varios días hasta que pude sentarme en una mesa y decir «ahora empieza lo bueno«. Mientras tanto, contacto telefónico con mis compañeros, y a la semana, una primera visita a las oficinas de Modernización de la DGRAJ en Tenerife. Una oficina pequeña pero coqueta, ubicada en un edificio judicial del municipio de La Laguna. En esa primera visita nos contamos lo básico, yo estaba aterrizando en un mundo totalmente nuevo para mi y la cantidad de información que tenía que asimilar era mucha y mis capacidades limitadas.

Después de esa primera visita a Tenerife, el trabajo debía continuar y tenía claro que la comunicación con mi equipo y la coordinación se podía hacer «en remoto». 

Comunicación por voz

Lo se, algo muy obvio y problema más que resuelto. Teléfonos fijos en todos los puestos, posibilidad de hacer multiconferencias de voz y manos libres. Ademas, por mi puesto, tenía la posibilidad de tener teléfono de empresa, así que yo estaba doblemente localizable, en mi móvil personal y ahora también en mi número corporativo, eso sí, en un móvil personal (de gama media/alta) con doble SIM porque el terminal que me ofrecía el Gobierno de Canarias, era, por decirlo suavemente, un cacharro que le daría como primer teléfono a una hija pre-adolescente (¡ains!, no me lo recuerdes, la que me espera).

Comunicación por vídeo

 Sí, la voz está muy bien, pero siempre es bueno ver la cara de tu interlocutor, sobre todo cuando las reuniones eran de más de 15 minutos (la gran mayoría). Aquí ya empecé a abrir un melón importante. El Gobierno de Canarias tiene una excelente red de equipos de videoconferencia, equipos IP alojados en salas de reuniones que pueden ser reservados en fecha y hora concretas. Yo tenía una sala de videoconferencia junto a mi despacho y mis compañeros en Tenerife disponían de una sala exclusiva para ellos en una sala anexa a su propia oficina. ¡Estupendo! otro problema resuelto. Nos podíamos ver y hablar cuando quisiéramos. Pero aquí empiezo a plantear otra posibilidad. Quiero tener las videoconferencias desde mi ordenador. Aquí pinché un poco en hueso, al menos, al principio. La política de seguridad del Gobierno de Canarias no contempla el uso de aplicaciones informáticas de videoconferencias como Skype (personal). Pero yo insistí, y conseguí que, tanto yo como alguno de mis compañeros, pudiéramos hacer uso del Skype, en su versión personal, dado que ya disponíamos de cuentas que usábamos en otros ámbitos. Pues vale, otro punto para Modernización. 

Pero, oh, sorpresa, aunque no fuese la suite «oficial» de ofimática, el Gobierno de Canarias también disponía de licencias de Microsoft Office 365, y de hecho, todos mis compañeros ya hacían uso de ella. Así que, yo también me apunté. Ademas, era una licencia avanzada, llamada E3, que permitía tener el Office instalado en varios dispositivos, usando una misma cuenta. Además de las aplicaciones básicas archiconocidas (Word, Excel, PowerPoint, Outlook) también teníamos acceso a Skype Empresarial (¡bendito seas!) y a Teams (el Slack de Microsofot). Así pues, otra herramienta de vídeo que sumar y que seria una de las principales, el Skype Empresarial, que además permitía conectarnos más fácilmente con proveedores que ya usaban esta tecnología. Pero ahí no queda la cosa, un par de meses después de mi incorporación, me entero de que el Gobierno de Canarias también tiene licencias de Webex, así que, yo por pedir que no quede, me pido una que me permita crear salas de videoconferencia, y fíjate tú, me dan una de las pocas licencias que había en todo el Gobierno de Canarias para este cometido. Por tanto, tenía en mi mano poder crear salas de videoconferencia, crear y programar reuniones virtuales, y todo ello desde mi ordenador. Pues muy bien, que no sea por no tener herramientas de videoconferencia. Nos vamos a ver, y mucho.

Comunicación informal

Aquí empezamos y acabamos usando WhatsApp. lo se, poco original, pero más que suficiente para nuestras necesidades. Hicimos un intento de usar Microsoft Teams, y. aunque me sorprendió muy gratamente esta herramienta (muy parecida a Slack, que también había usando antes), su funcionamiento no siempre era el esperado, las notificaciones no siempre llegaban y al final acabábamos comunicándonos por WhatsApp.

Comunicación formal

El correo electrónico. ¡Maldito correo electrónico!. Muy a mi pesar, me encuentro con que, realmente la única herramienta con la que contaba el equipo era el correo electrónico. Todo pasaba por él, y cuando digo todo, es todo. Una locura y un caos. ¿Se imaginan gestionar proyectos solo usando el correo electrónico? Pues es lo que había, o lo tomas o lo dejas. Conocer el estado de los proyectos o las tareas pendientes era revisar hilos inmensos de correos electrónicos (algunos anidaban mensajes de varios años). Coordinarse era formar parte de correos electrónicos con diez o más destinatarios, y en muchos ellos donde todos acababan interviniendo. Aquí, poco pude hacer, el correo electrónico formaba parte del pack y tuve que resignarme a usarlo más de lo que me hubiese gustado.

Repositorio de documentación

 Si todos estábamos conectados, necesitábamos un repositorio de documentación común. Me encuentro con cientos de carpetas desperdigadas en decenas de servidores internos. Muchas de ellas obsoletas, o sin usar desde hacía meses o años, pero nadie se decidía a hacer limpieza. Aprovechando el Office 365 (¡gracias Bill!) usamos OneDrive (1 Tb por usuario). Documentación compartida por todos los compañeros y acceso desde cualquier dispositivo. Nada que objetar, señoría.

Herramienta de gestión de proyectos

Para cerrar el círculo, teníamos que poner un poco de orden entre tanto correo electrónico. Aunque he usado, en distintos grados, herramientas como Basecamp, Redbooth, Trello o Asana, aquí tengo que volver a pasar por el aro de las «herramientas corporativas» y empezamos a usar Redmine. Bueno, su interfaz no es espectacular, era algo obsoleta y no tenia app móvil, pero nos servía para mantener un mínimo orden en los proyectos que teníamos entre manos. Cuando empiezas a «pintar» todas las tareas, te das cuentas de la envergadura de lo que teníamos entre manos, y daba miedo.

Si a esto añadimos que también tenia a mi disposición una Microsoft Surface Pro, hablamos de que tenía la posibilidad de mantenerme conectado y con acceso a cualquier tipo de comunicación en cualquier momento. Eso sí, no se incluían datos móviles, esos me los pagaba yo (y me daba igual porque tenía de sobra). Conseguir datos móviles en el Gobierno de Canarias solo estaba al alcance de unos pocos y yo, esta vez, no era uno de ellos (pero tampoco me podía quejar).

En definitiva, mientras estuve trabajando en Justicia demostramos que, con los recursos adecuados, un equipo de trabajo puede funcionar perfectamente en remoto (yo en Gran Canaria y mis compañeros en Tenerife). Probablemente esto que he contado es algo muy obvio para cualquiera que trabaje en el «mundo real» (ese que queda fuera de la administración) pero en el Gobierno de Canarias no era algo tan común.

La aventura en Justicia apenas llegó a los diez meses, abortada (con mucha pena) por cuestiones personales que no vienen al caso. En ese tiempo tuve que viajar a Tenerife unas cinco veces, desde luego, nada parecido a lo que me advertían al principio (una o dos veces por semana). Eso sí, la comunicación con mi «equipo remoto» era constante, nos veíamos y hablábamos todos los días. Los proyectos salían adelante y estábamos coordinados. El correo electrónico y las herramientas de gestión de proyectos y de comunicación informal cumplían su cometido. Me sentía dentro de un gran equipo, y estar en islas distintas nunca fue un problema.

Ya tengo claro que, cuando se quiere, se puede. Y nosotros pudimos. Espero y confío que esto sea la norma general y no la excepción, que en esto, como en otros muchos aspectos, la administración pública siempre llega tarde. 

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Opiniones

Por qué he dejado de escribir en el blog y cómo quiero solucionarlo

No hay más que ver la periodicidad de mis últimas entradas para comprobar que lo estoy dejando morir. Y eso no me termina de gustar.

Inicié el blog a mediados de 2012 como grancanariaTIC.com (el dominio actualmente está libre), en un periodo crítico en mi (desaparecida en ese momento) carrera profesional, y donde pretendía dar voz a aquellos proyectos tecnológicos canarios que me parecían interesantes, fruto de mi inquietud por conocer qué se hacía en el mundo startup en las islas, aunque principalmente centrado en Gran Canaria.

Pocos meses después pasé de grancanariaTIC.com a lucasferrera.com ¿por qué dejar pasar la oportunidad de aumentar/mejorar mi «marca personal» usando mi propio nombre para el blog?. Pues sí que sí. Me lancé a la piscina con mi propio nombre en el dominio. A ello vinieron asociadas cuentas en Twitter, en Linkedin y una fan page de Facebook. ¡Vamos a por todas!

Escribir en mi blog me hacía sentir vivo y en contacto con la realidad. Asistir a eventos tecnológicos, de emprendimiento y estar en contacto con gente que (sobre)vivía de ello me había abierto la mente (cerrada durante mis últimos nueve años trabajando en una Administración Pública). Alucinaba con la cantidad de proyectos que se hacían en Canarias, y con la cantidad de gente que arriesgaba para sacar adelante ideas «innovadoras«. Con el paso del tiempo me di cuenta de que a veces hay mucha ilusión y corazón y poca cabeza en esos proyectos. Conocí gente maravillosa, auténticos cracks que viven la vida de una forma muy distinta a lo que yo estaba acostumbrado. También conocí algún que otro charlatán, pero eran los menos y no suelen durar mucho.

Fue una época muy prolífica para mi blog (más por cantidad que por calidad). Hacía entre 7 y 10 entradas mensuales. Viendo algunas de ellas reconozco que eran puro relleno y aportaban más bien poco, por no decir nada. Llegué a hacerme un pequeñíiisimo hueco en el mundillo porque era «ese tipo que tenía un blog que hablaba de proyectos canarios«.

Pero todo empezó a cambiar en 2014, coincidiendo con mi re-entrada en la Administración Pública y con un cambio de situación familiar que implicaba tener que cuidar a dos preciosas niñas (como cualquier hijo de vecino que es padre). Poco tiempo por el trabajo, por la casa, por las niñas (y por mi mujer, que no se enfade), y poco tiempo para escribir en el blog… ¡excusas!.

Cada vez iba contactando con menos gente, iba conociendo menos proyectos, apenas me dejaba caer en algún evento tecnológico o de emprendimiento. No tenía ganas (o no las sacaba), y todo fue haciéndose una bola hasta que llegado febrero de 2017 no se cómo retomar el tema… o sí.

En la recámara tengo dos entradas de entrevistas que hice a mediados de 2016 y que aún no he escrito, una sobre una herramienta online para preparar los exámenes a PMP y otra sobre una empresa fintech pionera en Canarias y de la que salí absolutamente impactado por el nivel técnico que descubrí a apenas unos cientos de metros de mi lugar de trabajo. No quisiera dejar a ninguno de los dos en la estacada, quiero contar sus historias, he de buscar tiempo para hacerlo.

Tengo que ser consecuente con mi situación. Ya no puedo asistir a tanto eventos. Ya no tengo tanto tiempo para concertar entrevistas con los creadores de proyectos, así que el material se me acaba. ¿Qué opciones tengo?

  1. Abandonar/cerrar el blog. ¿Con lo que me ha costado? No way!! Mi presencia en internet es importante (así lo considero). ¡Piensa otra cosa…!
  2. Tratar de retomar el enfoque de antes. Complicado lo veo. No tengo tanto tiempo para dedicarle a proyectos de los que me tengo que documentar (entrevistas, llamadas, videoconferencias, etc) y a los que tengo que dedicar unas cuantas horas para poder sacar una entrada de más de 1000 palabras.
  3. Dar un giro a la temática de mi blog. Hablando de lo que más conozco en estos momentos, mi experiencia en la Administración Pública en un área como la de Tecnología (y todo lo que ello conlleva). Y eso sin descartar que, en momentos determinados, pueda seguir colando entradas con proyectos e iniciativas que considero interesantes, sobre todo con los dos que he dejado en el tintero, y que «a Jobs pongo por testigo que hablaré de ellos próximamente«

Por tanto, reconozco que he sido muy perezoso en los últimos meses, pero que también debo hacer algo para levantarme. No se cuantos están al otro lado de la pantalla (bueno, algo sí me chivan las estadísticas de WordPress y el Analytics), pero lo que tenga que contar que al menos llegue a alguien, y que ello le pueda servir de ayuda, o al menos, que se pueda reír un rato.

No se diga más, ¡elijo la opción 3!  Ahora me oirán hablar más del interesante y apasionante mundo de la Administración Pública (por favor, eviten caras de desagrado mientras leen esto), los funcionarios también tenemos corazoncito, y no todo aquí dentro son risas, desayunos y días de asuntos propios, pero eso lo iré contando, poco a poco…

 

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Opiniones

Canarias En Hora, ¡identifíquese, por favor!

No hay mas sordo que el que no quiere oír, ni más necio que el que no quiere ver la realidad. La realidad es que el periódico digital Canarias En Hora sigue haciendo caso omiso en cuanto a los deberes legales que debe tener su web. No ha bastado mi correo del 6 de febrero de 2015, ni mi entrada en este blog en septiembre de 2015.  Es más, parece que hasta les molesta que se lo recuerde de vez en cuando por Twitter o Facebook. No es un capricho, es una O-BLI-GA-CIÓN. Señores/as que dirigen Canarias En Hora, TIENEN que poner en su web un Aviso Legal, una Política de Privacidad y una Política de Cookies. Llevan un año y medio en funcionamiento y aún no han cumplido con estos requisitos legales, ¡ya les vale!.  Este es el aspecto actual de su pie de página (donde suelen ponerse este tipo de enlaces legales):

pie-CEH

Ni rastro de Aviso Legal ni de Política de Privacidad (¿qué empresa está detrás de este negocio?). Con las cookies al menos parece que sí han hecho algo, aparece el aviso que permite autorizar la instalación de esas cookies en nuestro navegador…

Aviso-cookies-CEH

Pero, ¡mi gozo en un pozo!, cuando pinchas en «Más información» (donde debería estar la información sobre la Política de Cookies), aparece este mensaje:

politica-cookies-CEH

¡Ups!, tampoco está, el aviso es mero cartón piedra, un decorado, si miras detrás no hay nada. Pero bueno, vamos a ayudarles un poco.

De acuerdo con la LSSI (Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información), Canarias En Hora está obligada, entre otras cosas, a ofrecer esta información: «Su denominación social, Número de Identificación Fiscal (NIF), domicilio y dirección de correo electrónico, así como cualquier otro dato que permita una comunicación directa y efectiva, como por ejemplo un teléfono o un número de fax. Datos de inscripción, en el caso de que la empresa esté registrada en el Registro Mercantil o en cualquier otro registro público.»  ¿Hay algo de esto es un web? Los únicos datos identificativos son lo que aparecen en su página de «Contacto». Pocos datos me parecen. ¿Tan difícil es poner esos datos?  Una simple búsqueda en Internet por los nombres de las personas que parecen estar al frente me llevan a una página del Registro Mercantil, del 10 de febrero de 2015 [PDF]. En la página 5 de ese documento aparece una empresa denominada ETIAZUL S.L. Tiene toda la pinta de ser esta ¿no?:

etiazul-borme

Como Administradores mancomunados dos de las personas que aparecen al frente del periódico digital, objeto social coincidente, domicilio social en el pueblo grancanario del que proceden (o eso he oído), y los datos registrales que TIENEN que publicar en su web (la fecha de constitución de la empresa coincide, día arriba día abajo, con el comienzo del propio periódico digital).  Pero falta un dato más, el NIF. Otra pequeña búsqueda en Internet, y podemos saber que el NIF es: B76213024.

Es curioso como si rascas un poco más, te encuentras en el BORME del 16 de junio de 2016 con esta otra empresa, GREENWICH COMUNICACIÓN S.L. constituida a principios de junio, y con tres Administradores mancomunados que forman parte del equipo actual de Canarias En Hora.

greenwich-comunicacion-borme

Esta tiene un objeto social prácticamente igual, ampliado en la «prestación de servicios profesionales«, y el domicilio social ya se encuentra en las mismas oficinas del periódico. No he sido capaz de encontrar el CIF de esta última empresa, igual es porque es muy reciente su creación y el dato aún no esté disponible.

¿Y qué hay de la LOPD? Veamos si la empresa tiene declarados ficheros ante la Agencia Española de Protección de Datos:

etiazul-lopd

¡Sí! ¡Punto para ETIAZUL S.L.! Al menos el primer paso del cumplimiento de la LOPD está dado (tenerlos declarados no supone el cumplimiento, esto último es algo más complejo). Y entonces ¿por qué no ponerlo en una Política de Privacidad? No lo entiendo.

En fin, que el periódico digital Canarias En Hora está aún por terminar, y es una pena. Es como si te hubiesen entregado una casa, con un buen diseño, bien ubicada, en un piso alto, con vistas, con buenos materiales, y después fallaran en los detalles, como si aún no tuviera la cédula de habitabilidad, tuviese humedades en el salón o la cocina estuviese aún sin montar, un año y medio después de haberte entregado las llaves.

¡Pero si lo más difícil ya está hecho! La web va bien, es rápida, tiene buena imagen, y después fallan en esto que es básico. Ya se los dije en febrero y en septiembre de 2015, y ahora, en agosto de 2016 se los vuelvo a repetir. Señores/as de Canarias En Hora, publiquen en su web el Aviso Legal, la Política de Privacidad y la Política de Cookies. Empresas canarias dedicadas a estos temas legales, por favor, que alguna se ponga en contacto con Canarias En Hora y les explique esto, igual se piensan que es algo que sale de un loco que no tiene nada que hacer y se pone a escribir un post un domingo a las diez de la noche.

Espero que a la tercera vaya la vencida, y además de presumir de visitas y de usuarios (que me alegro mucho por los anunciantes, aunque su estrategia de atracción de tráfico me parezca muy discutible), presuman también de dejar terminadas las «cosas» legales de la web.

¡De nada!

 

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Apps Webs

Cómo pedir un chef a domicilio, usando CookInHouse

¿No me negarás que alguna vez no lo has pensado? Tener una cena en casa con amigos o familia y que en vez de pegarte la paliza de preparar tu especialidad (esa que te lleva tanto tiempo) o de acabar comprando pizzas o comida china, venga un cocinero (o cocinera) a casa y te haga un menú, de esos con platos de nombres rimbombantes, de esos que al sacarles la foto para Instagram no necesitan ni filtro, de esos que encima saben tan bien como pintan.

Desde octubre de 2015 me llegan unos correos de una lista a la que no me he suscrito (¡tirón de orejas!) de CookInHouse, una plataforma desde la que puedes contratar chefs (cocineros) a domicilio. La idea es sencilla, CookInHouse pone en contacto a chefs con gente que ponga su casa y su cocina para que le preparen («InHouse«) un menú acordado previamente, pero nada de que te venga la comida en contenedores de frío y calor, no, no, el chef va a tu casa, con sus ingredientes, con sus utensilios de cocina, te prepara el menú, lo emplata, recoge, limpia todo lo que ha ensuciado y se va por donde ha venido. Tú solo tienes que contratarlo desde tu móvil o desde la web (eliges el menú de entre las distintas posibilidades), acuerdas con él la fecha, la hora y los detalles, y pagas por el servicio. Pagas en CookInHouse (con tarjeta de crédito, usando Stripe), no tienes que pagarle nada al cocinero (lo de la propina ya es cosa tuya). El chef recibe el dinero directamente de CookInHouse, una parte al hacer la reserva (en concepto de compra de materia prima y desplazamiento) y otra parte a la finalización del servicio.

Detrás de CookInHouse están dos Albertos (no son los de las Koplowitz), son Alberto Rodríguez (con el que he estado hablando por Skype más de una hora) y Alberto Santana, dos grancanarios graduados en las ramas de Marketing y Dirección de Empresas que se han lanzado de cabeza al mercado con un producto de nicho como este. Me parecen unos tipos listos. Como no dominan tanto la parte tecnológica se han buscado a un socio consolidado, una empresa catalana llamada Testabit, que es la que ha desarrollado la idea de «los Albertos«. Han llegado a un acuerdo de forma que los canarios ponen todos sus esfuerzos en la parte comercial y de negocio, y los «informáticos» que hagan su trabajo, que la web funcione y que la app no falle (aunque tuvieron unos días en los que la plataforma estuvo inoperativa por problemas técnicos).  En los últimos meses se ha incorporado al equipo una tercera persona, esta vez con un perfil más técnico, Adrián González, seguro que él estará atento para que ese último incidente no vuelva a ocurrir.

CookInHouse no se dirige a cualquier público, es evidente. Solo hay que echar un vistazo a los menús para darse cuenta de que no hablamos de comidas low-cost. Ni lo pretenden. En CookInHouse quieren primar la calidad y el servicio, por encima del precio. Si pagas un McDonalds obtienes lo que obtienes (¡oye, que conste que yo voy a McDonalds!), y si pagas un restaurante con estrella Michelín tienes otra experiencia.  Eso es lo que busca CookInHouse, una experiencia distinta, comer bien y a precio razonable en la comodidad de tu casa. También es cierto que no todos tenemos casas de ensueño como las de Malibú que vemos en las pelis, con salones de 60 m2 con grandes ventanales a la playa, donde cualquier almuerzo o cena quedan bien sí o sí. Pero bueno, todo es adaptarse, igual tienes un piso de 60 m2 en la zona de Mesa y López, con una cocina de 8 m2, pero oye, el chef seguro que se adapta. Con una mesa coqueta bien preparada, unas velas, un menaje chulo, música chillout de Spotify para ambientar y un buen vino, no tienes nada que envidiarle a cualquier piso del Soho neoyorquino.

Actualmente hay registrados en la plataforma unos 700 usuarios, de los que la mitad de ellos son chefs. ¿Y esto por qué? Sencillo, los esfuerzos iniciales se han centrado en encontrar la base de la plataforma, sin cocineros no existiría CookInHouse. Alberto me insiste mucho en el trato personalizado que se da a los chefs, su seguimiento es constante, sin agobiar, pero siempre dispuestos para cualquier detalle, para conseguir que los chefs confíen en la plataforma y vean que hay gente detrás que se preocupa por ellos.

Para los cocineros

Es gratis estar en CookInHouse. El cocinero puede poner el precio por menú que considere adecuado, teniendo en cuenta que CookInHouse se queda con un porcentaje de la transacción total que no llega al 20%. El cocinero puede aceptar o rechazar sobre la marcha cualquier encargo. No existe aún en la plataforma una funcionalidad que permita conocer la disponibilidad del chef. Cuando un cliente hace un encargo puede recibir una negativa porque ese día a esa hora al chef no le venga bien. Este es un aspecto que se tendría que pulir, pero bueno, los imprevistos siempre pasan (y Alberto me asegura que es una funcionalidad que ya tienen en mente para versiones futuras). ¿Qué tipo de chefs puedes encontrarte en CookInHouse? Hay de todo. Jefes de cocina con mucha experiencia que tienen su negocio funcionando y que pueden permitirse este tipo de trabajos extra, responsables de catering, cocineros formados que se encuentren en épocas de menos trabajo, cocineros que buscan rellenar «huecos» (por ejemplo, gente que solo acepte encargos los lunes, martes y miércoles, porque le resto de días los pasa en su propio restaurante).  ¿Vivir de CookInHouse? No lo creo, pero seguro que ayuda mucho.  Eso sí, el cocinero también tiene que cuidar su parte, su producto, el trato con los clientes, su perfil en CookInHouse, las fotos de sus platos, la rapidez de respuesta, la proactividad (me cuenta Alberto que hay chefs que hasta recomiendan el maridaje perfecto para el menú que van a preparar, ¡qué lujo!).

Para los clientes

¿Qué queremos nosotros, los que somos tirando a torpes en la cocina? Un buen producto y un buen servicio. Queremos acceder a la app, filtrar por lo que nos apetezca y tratar de cerrar una cita. Esta no es una app de «aquí te pillo y aquí te mato«, esto no va de rapidez, esto va de planificar con tiempo. Para «lo rápido» ya hay otras plataformas. CookInHouse es para ocasiones especiales, tiene que ser genial ver la cara de tus colegas cuando les invites a casa y vean que has contratado a un chef, solo para ustedes. Y al estar en casa, eso de beber (con moderación) ya te lo tomas de forma más relajada. Al día siguiente de la velada, CookInHouse siempre envía un pequeño cuestionario de satisfacción, es importante saber cómo fue la experiencia, aunque esos comentarios no son públicos, le sirve a CookInHouse para ir validando a sus chefs (siempre buscando la excelencia).

CookInHouse está presente ya en varias provincias españolas, Madrid y Barcelona concentran la mayor oferta. En el caso de Gran Canaria, donde he intentado probar, me he encontrado con una oferta muy limitada que no me permitía hacer una valoración adecuada, pero lo que he visto me ha gustado.

Ahora buscan crecer en usuarios de la plataforma. Con una buena oferta, ahora necesitan demanda, pero para llegar a más gente se necesita pasta (y no italiana precisamente), presencia en redes sociales, en buscadores, y hasta se plantean diversas ayudas privadas y públicas, algo de músculo financiero que les permita llegar a más gente.  Pero no se pueden quejar, los pedidos ya se empiezan a materializar. Ya están facturando, aún no como para montar la oficina loft con césped artificial y futbolín, pero sí para validar la necesidad y el modelo de negocio.  Hay chefs que ya le están cogiendo el gustito a esto. Hay gente que está buscando este tipo de servicios.

#QuieroUnChefEnMiCasa

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Eventos Redes Sociales

Cómo conseguí una galleta usando Twitter

Esta es una de esas historias en las que lo online y lo offline  (el on y el off) se unen y demuestran su perfecta armonía.

De siempre me ha gustado asistir a eventos profesionales de temas relacionados con mi trabajo. Creo que hasta debería ser obligatorio asistir a un número determinado de eventos para saber qué es lo que se cuece más allá de las cuatro paredes donde estamos confinados diariamente, y más si cabe si trabajas en una Administración Pública como es mi caso, que no suele ser ejemplo de innovación (pero este es otro tema).

Hace un par de semanas asistí a una Jornada organizada por Informática El Corte Inglés (IECISA) y DELL España, en Las Palmas de Gran Canaria (Encuentro Tecnológico Canarias 2016 – #ENTICcanarias). Lo típico, presentación institucional, mini-charlas para hablar cada uno «de su libro» y una mesa redonda con gente de mucha experiencia en el sector. El contenido de la Jornada muy interesante, casos de éxito en los que verse reflejados, opiniones diversas del estado del arte de la tecnología en Canarias, etecé, etecé.  Los organizadores sabían montárselo con un entorno magnífico, buena puesta en escena, detalles personalizados y al final un pequeño brunch. Todo muy bien, a la altura de dos grandes que quieren vender.

Yo soy de esos que interactúan en las charlas a través de Twitter. Si me dan un hashtag es para usarlo ¿no?. Pues allí estoy yo atento a las ponencias, iPhone en mano sacando fotos y tuiteando, solo una por ponente. Oye, si están ahí al menos que perciban que les estamos escuchando y que además otros lo vean. Mis tuits iban siendo retuiteados y «favoriteados» por la persona que estaba detrás de las cuentas de Twitter de IECISA y de DELL España, aunque principalmente del primero. Un dinosaurio tecnológico (con cariño) como IECISA parece que hace su apuesta firme por las redes sociales y si organiza un evento tiene a gente detrás que sigue el hashtag. Eso es bueno.

Entre charla y charla publico la siguiente foto:

Evento-ENTICcanarias-detalles

Cada asistente teníamos en nuestro asiento, además del programa, una botella de agua personalizada, un bloc para tomar notas, un bolígrafo de esos que tienen por detrás la «gomita» para usarlo con pantallas táctiles y hasta una galleta personalizada para el evento.  Hice hincapié en este último detalle, y parece que eso gustó a @iecisa, vean la conversación:

Evento-ENTICcanarias-conversacion

Un par de horas más tarde la Jornada finalizó, todo bien, todo correcto, después un poco de networking junto a un brunch bien preparado y entonces se me acerca alguien de la organización del evento y ocurrió esto:

  • «¿Eres Lucas verdad?«
  • «Sí, el mismo«
  • «Mira, no se de que va esto pero me ha llamado nuestro community manager y me ha dicho que te de esto» (llevaba una galleta en la mano y me la entregó).
  • «¡Ah! ¡muchas gracias!» (yo con una sonrisa de oreja a oreja).

En ese momento, justo en ese momento, se había producido una conexión on-off. Un tipo que lleva las redes sociales de @iecisa desde Madrid, siguiendo mis tuits (y los de otros) había llamado al organizador del evento en Las Palmas de Gran Canaria para que me localizara y me diera un galleta extra, para llevársela a mis hijas. Esa es una forma de conectar con la marca. Hay alguien detrás que escucha, hay alguien detrás que se preocupa.

Está claro que la galleta era lo de menos (de hecho sobraban en algunas mesas), es el gesto lo que cuenta. Y ya de camino a casa, recibo una nueva mención:

Evento-ENTICcanarias-galletas

Fin de la historia. Así fue como conseguí una galleta a través de Twitter.