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The One – Un juego canario con visión mundial

Vea también la serie de artículos acerca de The One – Sruvive the Game.

Los canarios tenemos en muchas ocasiones una visión muy localista de nuestro entorno. Nos gusta mucho mirarnos el ombligo y pensar que detrás de él poco hay que rascar (igual alguna pelotilla de pelusa pero no más). Es normal que muchos pensemos así porque no hemos viajado lo suficiente, no hemos trabajado en otros entornos o simplemente porque carecemos de la ambición que hace que surjan cosas nuevas, proyectos innovadores e ideas que revolucionan el mundo.

The Singular Factory es una empresa de desarrollo de software para dispositivos móviles ubicada en una nave industrial de Salinetas, en Telde, Gran Canaria. En ella trabaja más de una quincena de programadores, diseñadores y gente con talento capaz de estar a la altura en desarrollo de aplicaciones para móviles de cualquier otra empresa de desarrollo en cualquier otra parte del mundo. Lo bueno de Internet y de las aplicaciones para dispositivos móviles es que da exactamente igual donde se encuentren los programadores y la idea si al final el producto es un éxito. Si un producto es bueno y convence, ¿que más da si lo han hecho cuatro frikis en Estocolmo? ¿o en Nueva Delhi? ¿o en Los Ángeles? ¿o en Telde?.

The Singular Factory es una empresa creada por Gustavo Medina, un “viejo conocido” del mundillo informático de Canarias (cualquiera que conozca un poco ésto sabe de quién hablo). Es un tipo sencillo, con una pinta muy normal, pero con una cabeza tan bien amueblada que le llueven los trabajos de muchas partes del mundo. Desde hace ya más de un año está embarcado en un proyecto propio. Quieren sacar al mercado un juego para iPhone y Android que revolucione el mercado de los juegos, con un concepto totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados.

El juego está en una fase beta, en la que hay un grupo de “probadores”, entre los que me encuentro, que estamos valorando todos los aspectos del juego para tratar de “afinarlo” lo máximo posible. Los probadores hacemos eso, probar el juego y decir lo que nos gusta y lo que no nos gusta, los fallos que podemos ver, lo que se podría mejorar, lo que funciona perfectamente y lo que nos parece en general el juego. Es un privilegio poder formar parte de este grupo de “elegidos” antes de que el juego se comercialice.

El juego se llama “The One – Survive the game”. Ya de entrada el nombre denota la visión internacional que tiene el juego. No es algo que esté pensado para España, sino que ya desde el principio está pensado para que sea algo de uso mundial, y en ello el inglés será algo fundamental. Eso no implica que igualmente hayan versiones en distintos idiomas. La temática del juego es un tanto inclasificable. Primero que nada hay que decir que se trata de un juego en el que no puedes jugar solo. No es un juego para jugar mientras vas de en la guagua, o en el avión, o mientras esperas en el médico o para que te pongan un cuarto de quilo del queso de oferta. No hay que tirar pájaros contra cerdos, no hay que encontrar palabras, no hay que colocar fichas, no hay que jugar a ningún deporte, no hay que conducir ningún vehículo. Es una aventura gráfica donde debes luchar contra otros, principalmente con espadas. En el fondo puede tener alguna similitud con la película de “Los inmortales”, esa casta de héroes de leyenda donde “solo podía quedar uno” y debías encontrarte con el resto de inmortales, cortarles la cabeza para que solo quede uno en todo el planeta. Pues la idea es algo de ese estilo. La estética es muy de película épica, con paisajes imaginarios de ciudades futuristas, casi apocalípticas, con una banda sonora muy cuidada, con efectos sonoros perfectamente elegidos, pero sobre todo, con una carga de tensión que hace que el juego te diga a ti cuándo jugar y no al revés. El juego podrá ser muy caprichoso. Tú no vas a elegir cuándo quieres jugar, será él quien te diga cuándo debes hacerlo. Y eso es posible gracias a la geolocalización, esa característica que tienen todos los smartphones dotados de GPS que permite saber donde te encuentras en cada momento (en que lugar del planeta). Cada persona que se instale el juego será, primero un errante y luego un candidato. Cada uno tiene roles distintos. Los candidatos podrán luchar entre ellos y conseguir puntos por sus hazañas como luchadores. Debes matar a todo bicho viviente que te encuentres en tu camino. Si eres bueno serás cada vez más fuerte y con más poder. Los vídeos de presentación del juego (firmados por el famoso cineasta Elio Quiroga) que aparecen en su web www.survivethegame.com no tienen desperdicio.

El juego será gratuito, pero si realmente quieres sacarle partido, o simplemente quieres tener alguna ventaja tendrás que pasar por caja. Comprar una espada mejor, comprar “más vida”, comprar “inmunidad”. Como en la vida, casi todo se puede comprar. Podrás crear clanes con colegas y hacer estrategias para derrotar a otros clanes. La sensación de tener a un enemigo cerca es indescriptible. Debes buscarlo, sentir su aliento en tu nuca, y si te lo encuentras cara a cara no dudar. Desenvaina tu espada y que sea lo que tenga que ser. Si gano el duelo seré más fuerte, y si no, siempre tengo la posibilidad de reincorporarme al juego, previo pago de una penalización. No hablamos de cantidades desorbitadas, pero claro, todo depende de a lo que quieras aspirar. Si quieres se un morador de las tierras bajas te podrás conformar con “poderes” básicos, pero si quieres ser el “rey de reyes” deberás rascarte el bolsillo un poco más. En eso cada uno llegará donde su ambición quiera.

En los próximos meses veremos primero el lanzamiento en España y, si la cosa va bien como se prevé, se producirá el lanzamiento a nivel mundial. Ya hay contactos en San Francisco para “mover” el juego en uno de los centros neurálgicos de la tecnología mundial.

Y todo esto es posible porque las grandes ideas no tienen fronteras. Quién le iba a decir a Mark Zuckerberg cuando era universitario que el proyecto que creó con unos colegas para colgar fotos, biografías y, principalmente, contactar con chicas, iba a convertirse pocos años después en la mayor red social del planeta con más de 600 millones de usuarios.

Espero con ansia la salida oficial del juego. Las reacciones de la gente, los artículos en blogs especializados, las entrevistas en medios tecnológicos, las descargas por miles, por cientos de miles, las luchas de desconocidos en plena calle, las decepciones, las victorias y las derrotas, los ingresos millonarios, la ampliación de la plantilla, las secuelas, las precuelas, las adaptaciones al cine, los making-off, el merchandising, y sobre todo la cara de Gustavo Medina, un hombre tranquilo y feliz desde su retiro dorado al borde del mar, pero no en Malibú, sino aquí al lado, en Salinetas, ¿dónde si no?

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Los viajes y la tecnología

Aún recuerdo mis primeros viajes recién cumplidos los dieciocho años. Esa visita a la agencia de viajes, esa señorita tan amable consultando el ordenador con pantalla de “culo”, esas reservas de billetes que se imprimían en un talonario con varias hojitas para arrancar, esa reserva de hotel que elegías de un catálogo y que la chica de la agencia de viajes siempre te recomendaba porque estaba en una situación excelente y donde curiosamente ella se había alojado con anterioridad, esas consultas en el hotel por lo que se podía hacer por la zona (las guías de viaje aún no estaban tan de moda), esos aviones donde te sentías y te trataban como a un rey. Pero la cosa cambió, primero de forma muy discreta y ahora a lo bestia. Todavía me sigo preguntando cómo siguen habiendo tantas agencias de viajes. Con la situación económica actual es normal que hayan cerrado unas cuantas, pero aún así me siguen pareciendo muchas. ¿Siguen siendo necesarias las agencias de viajes? Igual para temas muy concretos relacionados con viajes de empresa lo entiendo, pero para el público en general no lo entiendo tanto. Hace años que no piso una agencia de viajes, y todo mi círculo cercano hace lo mismo. Hoy en día con Internet, con cabeza, y con algo de dinero se puede reservar desde un viaje interinsular para una reunión de trabajo, hasta pasarte veinte días en Australia montado en una caravana superequipada.

Internet ha sido el catalizador de este cambio, y los smartphones y tablets están poniéndole la guinda al pastel en los últimos años. Qué fácil resulta ahora comprar cualquier vuelo, reservar un hotel o comprar una entrada a un museo. Qué fácil es consultar previamente todo lo que te depara el destino (el destino de viaje, no el destino “futuro”). Qué fácil es ver lo que opinan otros viajeros acerca de nuestro hotel o de las visitas que no debemos perdernos. Qué fácil es también que a veces te engañen con los comentarios (aunque yo les doy mucha credibilidad). Qué fácil es hacerte tu propia guía de viaje y llevártela bajo el brazo, personalizada, sólo con lo que te interesa. Qué fácil es llegar al destino, conectar tu iPhone y dejar que él te guíe. Los GPS integrados en estos dispositivos nos han liberado de otros cacharros que servían para lo mismo. Qué fácil es coger un coche en casi cualquier parte del mundo y dejar que el GPS te lleve de la mano. Me sigo sorprendiendo que aún haya turistas con mapas en papel, los veo por Las Palmas de Gran Canaria y sinceramente me “choca”. Igual es que yo siempre he sido muy “friki” y todo lo que pueda hacer una máquina ¡para que lo voy a hacer yo!. Igual se pierde un poco la esencia del viajero aventurero, o simplemente es que los viajeros estamos cambiando. Qué fácil es llevarte una guía de viaje en el iPhone o en el tablet y atender a las indicaciones de la guía, y si además se complementa con audio y vídeo ya lo tenemos todo.

Y mientras todo es cada vez más fácil, ahora va y los residentes canarios, para viajar, se nos exige llevar un papelito que diga que efectivamente vivimos donde vivimos. Tanta tecnología, tanto facilitar las cosas para poder hacernos un viaje a medida y resulta que ahora somos “sospechosos” hasta que no se demuestre lo contrario. Los que tienen más suerte pueden sacárselo por Internet, e incluso gratis, pero la mayoría tiene que acudir a su ayuntamiento para que se certifique su empadronamiento. Me resulta curioso cómo Hacienda o la Seguridad Social nos tiene controlados al milímetro por todo lo que hacemos y en cambio, algo tan aparentemente sencillo como es el empadronamiento no esté tan controlado. La picaresca de muchos, la inoperancia de la Administración, la poca visión de futuro y el nulo entendimiento entre Administraciones hace que lleguemos a esta situación que no deja de ser un problema tecnológico. Básicamente consiste en consultar, por mi DNI, en que municipio estoy empadronado, en tiempo real. Yo no lo veo tan complicado, pero claro, hay que “luchar” con los sistemas informáticos de varias decenas de ayuntamientos, y en eso, unos estarán mejor que otros.

En fin, la tecnología muchas veces nos da satisfacciones, pero otras veces nos las quita. Esperemos que dentro de unos meses todo esto no sea más que “algo del pasado” y podamos seguir viajando libremente.

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Siendo infiel

Mal empiezo, la entrada anterior de mi blog hablaba sobre la estrecha relación que mantengo con mi iPhone 4 y en esta ya hablo de “ponerle los cuernos”.

Y es que no podía ser de otra manera. Es como cansarte de una relación por la monotonía. Sí, está muy bien, pero ya lo tienes visto. Te ha dado grandes alegrías, has compartido muchos momentos buenos con él, pero acabas de ver a otro que te ha enamorado.

También tiene una manzana, sí, y de hecho se parace mucho, pero el nuevo tiene mejor cuerpo, es más alto, más delgado, tiene unos ojos más bonitos y encima es mucho más inteligente. Lo siento iPhone 4, pero lo nuestro ha llegado hasta aquí. No, no te quedes mirándome por tu cámara frontal (¡que mala es!), no trates de ir más lento, no me cierres las aplicaciones de repente. Sabías que algún día llegaría.

¿Quién lo iba a pensar? La semana pasada estaba escribiéndote prácticamente una carta de amor incondicional y esta semana ya te soy infiel. Bueno, aún no lo he sido, pero quiero dejarte claro que esta historia está acabada. Es lo normal, seguro que tú también lo harías, seguro que tú te irías con el primer adolescente cargado de hormonas que te usa a todas horas para mandar WhatsApps, para actualizar su Tuenti y para enviar fotos chulas a sus colegas. Yo soy más aburrido, a mi me va más trabajar contigo, no te doy tanta caña. Igual es eso lo que tu querías.

Pero no te preocupes, te dejaré en buenas manos, mi mujer te tratará muy bien. No le gustan mucho las manzanas, ella prefiere los androides pero la tengo casi convencida. Nos vamos a seguir viendo ¡tonto!, seguirás por casa, me verás entrar y salir. Te van a usar muy poco, eso sí, ya sabes como es ella, muchos SMS, mucho Apalabrados, pero hablar más bien lo justo. Seguro que empieza a usar tu cámara porque la de su androide es mala de narices. Te llenará de fotos infantiles. Igual te cuesta un poco al principio pero acabará gustándote.

Yo, mientras tanto, estaré con mi nuevo ¿amor?. No veo el momento de encontrarme cara a cara con él. Abrir su caja blanca, impoluta, donde cabe lo justo, donde no hay espacio para la improvisación, donde todo está donde tiene que estar. Me muero por poder tocarlo, ese nuevo tacto metálico debe ser una experiencia religiosa, esa pantalla, esa nitidez, esos nuevos mapas, ese nuevo sistema operativo. ¡Uff!, me estoy poniendo malo.

Pero, ¡ojo! no quiero peleas entre ambos, quiero que haya buena convivencia, y por supuesto siempre respetar a los mayores. El abuelito iPad de primera generación va lento pero con paso firme. Sí, está muy gordo y algo dejado, pero es el abuelito. Pronto le llegará también su hora, como a todo hijo de vecino. Pero de él nos ocuparemos otro día.

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Mi móvil y yo

Mi móvil y yo somos uno, al menos eso es lo que piensa mi mujer cada vez que la veo con esa cara de “¿ya estás otra vez con eso?” (“eso” es un iPhone 4). Pero es lo que tiene ser un tecno-dependiente. No se si somos uno, lo que tengo claro es que no somos dos.

Mi móvil es parte de mí o parte de mi está en el móvil. Hay mucho de mi en mi móvil, mucha información. Lo bueno es que lo tengo todo, o casi todo, sincronizado en la nube, de forma que muy poca información la guardo exclusivamente en local. Casi todo lo que guardo se sincroniza con algún servicio en la nube.

Imprescindible para mi es contar con el correo electrónico, con los contactos y con el calendario. Todo esto lo tengo sobre los servicios de Google, permanentemente sincronizado. Uso el móvil, para casi todo, y cada vez menos para llamar. Lo uso para enviar mensajes de texto, WhatsApps, Facebook Menssenger, para hacer y editar fotos (con la cámara directamente o a través de Instagram), para hacer y editar vídeos, para escuchar y comprar música, para guiarme con el GPS usando Sygic, para buscar información con Google, para mantener el contacto con mis redes sociales principales, Facebook, Twitter. LinkedIn y Google Plus, para geolocalizarme con Foursquare, para hacer videollamadas con Tango o Skype, para ver cosas interesantes en Fancy o en Pinterest, para ver información sobre cine con IMDb, para ver los feeds a los que estoy suscrito mediante Flipboard, lo uso como calculadora, como “hombre del tiempo”, para ver noticias de los periódicos, como brújula, como despertador, para escuchar la radio (vía Internet porque el iPhone no tiene radio incluida, ni la necesita), para ver la tele, para ver mis cuentas de los bancos, para aprender y practicar inglés, para buscar empleo (cuando lo necesito), para hacer compras con Paypal, Groupon o Letsbonus, para poner dibujos animados de Clan a mis hijas, para ver información sobre viajes y vuelos, para hacer test de velocidad de conexiones de red, para tomar notas con Evernote, para llevar listas con Wunderlist, para escanear documentos y pasarlos a PDF con JotNot Pro, para dictar texto con Dragon Dictation, para guardar y acceder a información en la nube con Dropbox, Google Drive, Cubby, Box, SugarSync y USB Disk Pro, para llevar mi blog en WordPress, para consultar el diccionario de la RAE y como traductor de idiomas, para ver mis datos en mi proveedor de móvil (Pepephone), para leer información que he guardado para más tarde (con Pocket), para escanear códigos QR, para verme en un espejo (sí, sí, uso una aplicación que me muestra la cámara delantera en forma de espejo cuando no tengo uno a mano, a veces puedo ser un poco coqueto), para hacerme el nudo de la corbata (muchas veces me lío y acudo a ella para que me enseñe), lo uso como linterna, para ver recetas de cócteles, para ver recetas de Thermomix, para medir distancias, para buscar restaurantes, para jugar un rato, y si aún me queda tiempo, para llamar a mi mujer y decirle que “me he liado”, porque claro, con tanto que tengo en mi móvil ¿no me voy a liar? Es que no se puede hacer todo a la vez. Uno tiene sus prioridades y tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Bueno, les dejo, que mi móvil me espera a que lo desbloquee. Lo veo sobre la cómoda, casi creo que me mira, sabe que no puedo vivir sin él. Le gusta agotar su batería para cabrearme, pero en el fondo intuye que él me necesita tanto como yo a él.